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Un lugar sobre el arcoíris
Los amores perdidos
Los amores perdidos

A propósito de los idiotas y los perdones

A propósito de los idiotas y los perdones

A propósito de los idiotas y los perdones

A propósito de los idiotas y los perdones, y el querido pueblo de México.

Por fin llega a la jefatura de México quien parece ser trae la solución para todos los males que padece y ha padecido en su ya larga historia ese querido pueblo. Trae en el morral un líquido de color apacible, ¿recuerdan a Melquíades, que devolvió la memoria a la gente de Macondo? pues igual, pero mejor. Este prenda recién llegado, ha dado con el remedio que pondrá en orden todo lo que antes de su llegada estaba desarreglado y roto. Ya se sabe, una vez identificada la causa de un mal, se inventa una vacuna y zas; se inocula y se inmuniza ad eternum a la población, llega la felicidad y un maná cae del cielo.

Tiene mérito, le han bastado sus doscientos cincuenta gramos de cerebro, para qué gastar en dispendios, para identificar al responsable de todos los males que azotan aquella tierra. De las periódicas erupciones del Colima, el Chichonal y el Popocateptl; de los terremotos que no cesan de barrer desde la cordillera andina hasta el mar del Caribe; de los huracanes que por influjo de Europa (o a lo mejor sólo de España, vaya a saber) generamos en el Atlántico para enviar a las tierras que forman el Golfo de México. Del narco, del cartel de Juárez, de las mujeres desaparecidas sin que las autoridades sepan nada ni nadie las busque, de la cesantía, de la sífilis, la gonorrea, el mal de Moctezuma, el catarro común, del calor del verano, de los mosquitos y de la madre que nos parió, la culpa la tiene España. Es decir los españoles de hoy. Más claro: no se me ponga usted de lado, la culpa es suya y mía.

Por fortuna, esta nueva lumbrera de la política internacional, con lugar seguro entre Nicolás Maduro y Evo Morales, esas mentes privilegiadas que dejarán mancha imborrable en los anales de la historia, ha dado con su bálsamo de fierabrás. Parece ser que todos sus males desaparecerán cuando el rey, este rey de hoy, como jefe del estado español, este estado español de hoy, pida perdón en desagravio de lo que hicimos los españoles, estos españoles de hoy. Sí, usted, no disimule; y yo también.

Busquemos consuelo. Este ungüento reparador es un bien de la humanidad, de toda ella, por lo que debe hacerse de él un uso generoso y expansivo.

Identifiquemos los españoles a aquellos que nos colonizaron para exigirles reparación moral. Veamos: tuvimos aquí a los musulmanes que nos llenaron de alhambras, alcázares, palacios nazaríes y jardines, sin los adecuados estudios urbanísticos, y que nos emborronaron las supersticiones con conocimientos de matemáticas, álgebra, filosofía y medicina. Será un poco difícil dar con los descendientes, pero para algo está la genética.

Claro, que antes que eso nos invadieron los romanos, eso es más fácil: exijamos a los italianos de hoy el perdón por la invasión de sus antepasados, por haber liquidado las lenguas que por aquí existían antes de que fuesen desplazadas por el latín, y por habernos llenado el territorio de calzadas y puentes, acueductos y ciudades, con sus canalizaciones de aguas negras y sus baños públicos, sin los adecuados estudios de impacto medioambiental; y por habernos sustituido la justicia fácil del aquí te pillo aquí te mato que imponían a capricho los jefes de los clanes, por la intrincada y de difícil conocimiento del derecho romano.

Identifiquemos a los descendientes de los celtas e íberos que nos invadieron cuando éramos tartesios; busquemos a los descendientes de los cromañones que llegaron cuando éramos neandertales, no transijamos hasta conocer a los que tengan el más puro linaje heidelberguensi o del homo antecesor, para que desde allí hasta aquí vayan ofreciendo pública y humillada reparación moral a todos los que les antecedieron.

Después de eso, exijamos al ocurrente de hoy que nos dé explicaciones de por qué los antepasados de aquellos que viven allí, extinguieran a los mamuts y masacraran a tanto noble búfalo en las praderas americanas. Aprovechemos para exigir una indemnización por haber extinguido a los dinosaurios, que no fue culpa de sus antepasados, pero fue allí y en algo quedaron obligados.

Un comentario en “A propósito de los idiotas y los perdones

  1. Marta de la Torre Guerra

    Miguel, acabo de leer él artículo que me mencionaste, está muy bueno. Hiciste un recuento muy audaz. Te felicito. Genera confianza en tu lectura. Te admiro. Sigue adelante porque así podré tomar algo de conocimientos tuyos. Gracias amigo

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