Destellos y penumbras
Un lugar sobre el arcoíris
Los amores perdidos
Los amores perdidos

La ceguera de quien no desea ver

La ceguera de quien no desea ver

La ceguera de quien no desea ver

La ceguera de quien no desea ver

Querida amiga independentista:

la ceguera de quien no desea ver sólo deja opción a la indiferencia. Por mucho que yo me desgañitara explicándote que el derecho a decir no existe, que es una falacia no reconocida en ninguna constitución ni país del mundo, que ni siquiera se reconoce en esa ridícula ley que Artur Mas (el que mueve los hilos), Puigdemont y los suyos se sacaron a modo de constitución. Por mucho que yo hablara de la corrupción de quienes están de verdad detrás de este espanto llamado proceso, que son Pujol y su familia, quienes sólo buscan escapar a la justicia que los persigue por el delito de haber saqueado a los catalanes durante décadas; por mucho que yo publicara aquí la referencia a miles de artículos con las opiniones de la gente más acreditada del mundo en defensa de los derechos humanos, la economía, el derecho internacional y la política; artículos sobre lo lesivo, lo arbitrario, egoísta, xenófobo, descabellado y lo sustentadas en el odio que son las pretensiones de los independentistas; tú no admitirías ninguna razón. Continuarías pensando igual, queriendo quitarme mi derecho a pisar en Barcelona como piso en mi tierra, aunque perdieras el derecho a pisar en mi tierra como pisas en la tuya. Continuarías deseando que nunca más catalán alguno hablara la lengua de 500 millones de personas, aunque perdieras la bicoca de ser el centro del mundo editorial en español. Continuarías deseando que un par de generaciones de catalanes se arrastraran por el desierto, porque en la otra orilla ya podrían beber todo el agua que quisieran, cuando en la orilla donde viven ahora ya tienen las máximas comodidades y beben toda el agua que quieren. Continuarías pensando que si Cataluña hoy tiene un nivel de vida superior al del resto de España es por la superioridad genética de los catalanes, no por la trasferencia de renta que por la vía comercial esa región extrae ahora, y ha extraído durante siglos, de las otras regiones de España. Continuarías pensando que ese viaje insensato no tendría coste alguno, que el mejor cliente de Cataluña, que es el resto de España, seguiría comprándote sin mirar la etiqueta; que ese cliente no se desharía en un estallido sangriento como pasó en Yugoeslavia, y que Europa seguiría siendo la que ahora es. Continuarías pensando que el pueblo catalán sólo es ese 40% independentista y que el otro 60% no es pueblo catalán sino charnegos manipulados por la odiosa prensa españolista. Como todo lo que yo dijera sería infructuoso, para qué voy a hacer esfuerzo en explicarme.

Nada más te digo. Las manifestaciones organizadas por los supremacistas, pagadas con dinero de todos los catalanes, tienen una diferencia con la manifestación de ayer, 29 de octubre de 2017, en Barcelona. En las manifestaciones de los independentistas no caben sino catalanes con marchamo del 40% estupendo. En la manifestación de ayer cabían todos los catalanes y cabíamos todos los que amamos a Cataluña y nos sentimos orgullosos de nuestros compatriotas catalanes. Por caber hubieran cabido hasta los del independentismo nefasto.

 

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