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Los amores perdidos
Los amores perdidos

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el pueblo y su gente

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el pueblo y su gente

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el pueblo y su gente

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el  pueblo y su gente

A los dieciséis, la principal preocupación tendría que haber sido aprobar las Matemáticas, releer  y tomar notas de los textos de Historia  y Literatura, memorizar la Tabla Periódica y practicar ejercicios con las fórmulas que con seguridad caerían en el examen de Física. Sin embargo, a esa edad mi preocupación era mucho más perentoria. Con una cizalla enorme, troceaba hierros  que después debía doblar en curvas muy precisas y amarrar con alambre para fabricar armazones de encofrado. Mi  atención estaba puesta en no equivocarme, para evitar la humillación de la pública reprimenda a gritos del contratista, y mi preocupación consistía en saber si el sábado a mediodía podría llevar a casa el exiguo salario acordado o tendría que contentarme con una propina y una promesa que no siempre se cumplía. De modo que al escribir sobre cualquier tema, no me asiste el recurso de lo aprendido en los años más importantes de la vida. Tengo que acudir a mis vivencias, a mis miedos  y paranoias, a lo que llevo aprendido de la vida, a lo que he leído al tuntún, sin el consejo ni la pauta de un profesor. Es decir, que para escribir necesito escudriñar, no tanto en la memoria como en los recovecos de mi  alma. Lo digo sin congoja. De haber tenido algún pesar sobre ese particular, me lo habría conjurado Ernesto Sábato con esta cita suya:

La gente cree que un escritor es un personaje que anda con una libreta de apuntes, tomando nota de la bondad y la maldad ajenas. No, un escritor busca en su propio corazón. Y si no puede hacerlo, mejor que se dedique a otro oficio.

El preámbulo viene a cuento de esta humilde colaboración, porque cuando me pidieron hacerla  volví al eterno dilema de elegir algo que contar. Mi primera mirada exploró los recuerdos de Córdoba, por cuya ciudad apenas he pasado un par de veces, y lo hice a la carrera, pero que siento mía, pues he tenido la fortuna de compartir la mitad más feliz y fecunda de mi vida con una mujer nacida y criada en Córdoba. Y claro, pasaron ante mí las figuras de nuestros clásicos de origen cordobés. Pero qué podría decir de ellos aquel muchacho que retorcía y amarraba hierros mientras debía estar estudiando sus vidas y sus obras. No era de ellos de quien pudiera ni debiera hablar. Una vez más, escruté la hondura del  pozo interior del que les hablaba, en busca de una idea sobre la que escribir. Nada encontré. Entonces, pronuncié una palabra y un eco profundo me la devolvió investida de una reverberación mística. Fuenteovejuna, había dicho. Fuenteovejuna, resonó en la mente el coro de mil voces, alejándose hasta desvanecerse en el infinito de la memoria, donde ya no me era posible recordar.

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el pueblo y su gente

Estoy por decir que no me pasa sólo a mí. Si me apuran, desafío  a cualquier persona nacida en nuestro contexto cultural, a que me diga cuándo fue que oyó pronunciar por primera vez ese nombre. De la misma manera que nadie enseña a un bebé a mamar, a llorar o reír, a agarrarse al pelo y la mano de su madre, a distinguirla a ella entre todas las personas, cabe pensar que decenas, quizá cientos o miles de palabras, se conocen desde antes de nacer, transferidas de las madres a los hijos por el conducto de la sangre. Que por esa causa afortunada, aprendemos a hablar la lengua que ella nos enseña sin apenas darnos cuenta. Cabe entonces suponer que el nombre de Fuenteovejuna,  es uno de nuestros rasgos identificativos más claros como grupo humano, porque lo llevamos tan dentro como la facilidad para pronunciar la erre o la de pararnos a hablar del tiempo y de lo que se tercie con cualquier desconocido. Tan nuestra, y ya tan larga, es la historia de este nombre, del que nunca llegamos a saber si es una sola palabra o son dos, y si debe escribirse con b o con v, que hemos acordado que cualquiera de las cuatro posibilidades es correcta: una palabra o dos palabras, da igual si escritas con b o con uve.

Ya tenía mi tema para escribir. Sería un cuento que tuviese como fondo el nombre de Fuenteovejuna. Lo titularía ‘Memoria’. Habría de ser una historia de infamia y debía escribirla intentando trasladar a ella la resonancia mágica que en aquella hora la palabra Fuenteovejuna provocó en mí. Por supuesto, lo dedicaría con devoción a la gente y al pueblo de Fuenteovejuna. Un pueblo que desde antes de que naciéramos era y será siempre nuestro pueblo.

Memoria

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