Destellos y penumbras
Un lugar sobre el arcoíris
Los amores perdidos
Los amores perdidos

Hécate Aradia comenta Los amores perdidos

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Hécate Aradia comenta Los amores perdidos

Hécate Aradia comenta Los amores perdidos

Hécate Aradia comenta Los amores perdidos, como una de esas lectoras de infantería de las que suelo hablar. De las que van a una librería, se compran un libro para disfrutarlo y lo leen. Y de vez en cuando, sólo de vez en cuando, si es que el libro ha llegado a su alma, hacen una reseña para decirnos cómo ha sido su experiencia con él. ¿Hay un privilegio mayor para un autor que ese? Yo no lo he descubierto. Sólo me cabe estar agradecido. Sírvame como muestra que lo publique aquí.

Llegué a este libro a través de un grupo de Facebook, al que una amiga virtual me incorporó, esa “bendita” casualidad, hizo posible que conociera el libro y al autor, con el que asumí el afortunado “compromiso” de leer su novela.
Desde las primeras páginas me cautivó su obra, con una saga familiar que me recordó a García Márquez, autor que, según su biografía admira y relee con cierta frecuencia.

Es una historia con muchas historias que empieza en tiempo presente de la vida del protagonista, para a continuación, hacer de forma magistral un viaje al pasado desde donde y durante el que se va desmenuzando una sucesión de hechos, de personajes, de paisajes, de sentimientos…hasta acabar de nuevo en el presente y completar un círculo, y todo en orden cronológico aún cuando no se hace referencia a fechas.

Es una obra extensa, de poco más de 600 páginas, pero sobre todo intensa, que hay que leer, porque es imposible plasmar en una reseña las sensaciones que te va provocando su lectura, El modo en que está narrada la obra, con unas frases por la que pareces que te deslizas con esa prosa suave a pesar de la dureza de lo que cuenta en algunos momentos, todo hace atractiva su lectura, aparece en ella el caciquismo y la falta de escrúpulos de unos personajes con un poder ilimitado basado en el miedo instaurado en una época determinada, pero también hay amor, el de los protagonistas, un amor basado en la libertad, hay lealtades, deslealtades, lucha, su forma de plasmar la miseria, la dignidad de los desheredados… El magnífico cruce de personajes, de tantos personajes…

Cuanta fortuna e infortuna, cuanta maldad y bondad. Concurren personas atroces y otros con una humanidad desbordante a pesar de la barbarie, la transformación de uno de ellos, la “matriarca”, tirana, ciega ante la crueldad de uno de sus hijos, despiadada en un principio y su posterior metamorfosis.

Es una novela que hay que leer y disfrutar, que te mantendrá con una emoción contenida durante sus 37 capítulos, y en definitiva, porque es imposible hacer una reseña que le haga justicia.

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