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Un lugar sobre el arcoíris
Los amores perdidos
Los amores perdidos

Eduardo Zaplana nos toma por idiotas, otra vez

Eduardo Zaplana nos toma por idiotas, otra vez

Eduardo Zaplana nos toma por idiotas

Dice este tipo que no sabe todavía quién cometió los atentados del 11M. Eduardo Zaplana nos toma por idiotas, otra vez, y lo proclama. Y yo me veo obligado a decirle cuatros cosas. Que nosotros sí que sabemos quiénes fueron los canallas que se mearon sobre los cadáveres de 192 muertos y más de 1500 heridos que quedaron padeciendo gravísimas secuelas. Recordamos bien quiénes se pasaron tres días manipulando la información, amenazando a los periodistas, chantajeando a las cadenas de televisión, coaccionando a los directores de periódicos, dejando con el culo al aire nuestros diplomáticos, nuestros servicios de inteligencia y nuestros policías. Sabemos quién engañó, manipuló, y retorció la información utilizando todos los medios al alcance del gobierno. De sobra sabemos quiénes son los miserables que se pasaron años intentando que aquellos crímenes quedaran impunes, quiénes, todavía hoy, siguen echando dudas y mierda sobre el trabajo impecable de los policías, investigadores, jueces, fiscales, abogados y periodistas decentes. Sabemos quiénes se enriquecieron sobre la memoria de tantas víctimas vendiendo periódicos llenos de pobredumbre, mentiras y manipulación.

Tenemos memoria para recordarlos: José María Aznar, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Mariano Rajoy, Ana Palacio. Por allí andaban Federico Trillo, Eloy Arenas, Alberto Ruiz Gallardon, Esperanza Aguirre, y la práctica totalidad de ministros y dirigentes del PP. Contaban con la inestimable colaboración de la TVE dirigida por un señor llamado Alfredo Urdaci y el director de un periódico muy afín a su causa en aquellos días, Pedro “Jota” Ramírez.

Y porque tenemos memoria, también recordamos quién fue el politicastro que confesaba haber entrado en la política para enriquecerse. Está grabado, pero un Federico Trillo, omnipresente en oscuros anejos de todos los tribunales, consiguió que un tribunal declarara ilegal la grabación, hecha por orden judicial pero para “investigar otro tipo de delito”, para ser más concreto de tráfico de drogas y no de corrupción. Vamos, tan kafkiano como llamar a la policía porque están maltratando a una mujer pero cuando llegan no intervienen porque en realidad era un asesinato Aquella maldita e inexplicable sentencia la hemos pagado con décadas de impunidad de los corruptos. Y mientras gentuza así siga en la política, la seguiremos pagando. 
 
No revuelva los posos de la memoria, señor Eduardo Zaplana, que recordamos muy bien que el tipo lamentable de la grabación que confesaba haber llegado a la política para forrarse se llama Eduardo Zaplana.
Eduardo Zaplana nos toma por idiotas, otra vez

Eduardo Zaplana nos toma por idiotas, otra vez

 

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