Destellos y penumbras
Un lugar sobre el arcoíris
Los amores perdidos
Los amores perdidos

El caso de la perrita Vela

El caso de la perrita Vela

El caso de la perrita Vela (I)

El verano, un momento inmejorable para recordarlo

Se acerca el verano, llegan los festejos populares y ya tenemos de vuelta a los bárbaros con sus tradiciones de tortura y sangre contra nuestros compañeros de viaje, los animales, nuestros hermanos pequeños. Hago este intervalo en las cuestiones de libros porque creo que es momento propicio para recordar que la batalla en defensa de ellos, no siempre está perdida. Nos lo recuerda un caso de violencia contra los animales que desde Canarias se hizo emblemático mucho más allá de nuestras fronteras y del que fui protagonista ocasional: el caso de la perrita Vela.

El caso de la perrita Vela llegó a mí en enero del año 2oo8. Esa perra había sido rescatada de un contenedor de basura, hecha un amasijo de huesos y piel desgarrada en jirones, con larvas de mosca comiéndosela todavía viva y con muy pocas probabilidades de salir adelante. La Asociación para la defensa de los animales de Candelaria, Addanca, la recogió y una clínica veterinaria de Güímar, a duras penas, consiguió salvar su vida. Addanca denuncio al dueño de la perra ante la justicia, pero una juez archivó el caso sin apenas mirarlo, porque según ella, para la perplejidad de toda la ciudadanía de Tenerife, no se habían producido daños. Bastaba echar un vistazo a la imágenes tanto para ver lo terribles que eran aquellos daños en el cuerpo de la pobrecilla Vela, como para atisbar la naturaleza canalla de quien los había provocado por acción y por omisión.  Las imágenes son terribles, pero ya han circulado mucho por la red, todos las han visto, y es seguro que a nadie le provocarán otra cosa que repugnancia. En la empresa de la que yo era propietario fuimos los primeros en divulgarlas. Teníamos en aquellos días un proyecto en fase de prueba en el que dimos cabida a el caso de la perrita Vela, con una carta a las autoridades que yo redacté y firmé, y una campaña de recogida de firmas que arrasó y con la que se consiguió abrir el caso y que el responsable de semejante atrocidad fuera condenado.

Pido perdón de nuevo por la dureza de las fotos, aunque estén en formato reducido, sólo como muestra. Pero creo que esta época del año no es momento de paños tibios sino de recordar lo bárbaros que podemos ser los humanos. Es momento de recordar a Vela y de recordar que en su caso tenemos un mensaje muy claro: que merece la pena luchar por ellos que no pueden defenderse por sí mismo, que a veces se gana y que nada está perdido salvo que nos hayamos dado por vencidos.

Vela

Carta abierta a las autoridades por el caso de la perrita Vela
Miguel de León, 3 de enero de 2008

A veces sucede un milagro. Muchos, que ya nos sentimos con el corazón acartonado por culpa de tanto miserable como anda suelto, nos hemos acostumbrado a caminar con el gesto hosco, mirando con recelo a un lado y al otro, a la espera de que la siguiente salvajada que nos toque presenciar no aniquile nuestras últimas gotas de esperanza. Como no nos sorprenden las imágenes del horror, podría pensarse que nos hemos hecho indiferentes a ellas. Pero la realidad es que esa aparente indolencia no es sino una costra con la que intentamos ponernos a salvo del espanto. Poco nos va quedando que nos reconcilie con la Humanidad. Aunque a veces sucede un milagro.

Las imágenes de Vela, maltrecha y moribunda, rompieron en muchos esa coraza. No podíamos hacer nada por ella que no lo hubiesen hecho ya quienes le salvaron la vida. Pusimos las imágenes en nuestro portal para ayudarlos a recoger firmas. Era lo mínimo que podíamos hacer para agradecerles que hubiesen acogido a Vela. Pero también para reconocer su valentía, porque a diferencia de nosotros, a los amigos de Addanca y otra gente como ellos, el espanto no los atenaza sino que les impulsa a seguir ahí, hora tras hora, día tras día, dándonos el ejemplo de su decencia. Merecen saber que no están solos, que nos tienen a su lado, que nos enorgullece su valor y que los consideramos irreemplazables.

Se produjo el milagro. No esperábamos sino unos cientos de firmas, mil o dos mil con mucha suerte y en un plazo de varios meses, porque estas fechas son poco propicias para ese tipo de actividades. Sin embargo, el mismo día que pusimos en funcionamiento la recogida de firmas, nuestras marcas de acceso se pulverizaron; al día siguiente quintuplicamos nuestro máximo histórico, y tuvimos que establecer un turno de vigilancia para evitar que las conexiones simultáneas provocaran el colapso de nuestros servidores. El milagro de Vela consiste en que miles de personas de toda España se conmovieron, comenzaron a pasarse el mensaje con enlace a nuestra página y se pusieron a nuestro lado para brindarnos el consuelo de su solidaridad. Diciéndonos con ello que el valor merece la pena. Que las personas decentes somos mayoría. Y que si nos cogemos de la mano los miserables dejarán de tener sitio en el mundo.

Es eso lo que debemos transmitir a las autoridades, al alcalde de Arafo y a la juez de Güimar. Con todo el respeto que nos merecen, cada uno de ellos en su ámbito, les pedimos que observen con detenimiento cada una de los miles de firmas de esas personas, y que antes que al valor jurídico que pudieran tener, le concedan otro valor mucho más importante. El de que cada una de ellas es una plegaria, que antes que requerirles para evitar que otro canalla pueda cometer una salvajada semejante más, en realidad, les implora que impidan que sea nuestra esperanza en los hombres, nuestra alma, la que se quede en el desamparo, tan moribunda y maltrecha como estaba la pobre Vela cuando la recogieron, con la diferencia de que ninguna veterinaria del mundo será capaz de lavar y curar nuestras heridas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.