Destellos y penumbras
Un lugar sobre el arcoíris
Los amores perdidos
Los amores perdidos

Presentación y bienvenida

Presentación y bienvenida

Presentación y bienvenida

En realidad, esta presentación y bienvenida debería haber sido el primer artículo de la bitácora, porque es aquí donde explico las razones que me obligan a inaugurar este cuaderno de ruta, o cuaderno de bitácora —de ahí la palabra que empleo en lugar de blog, que muchos reverentes de lo anglófilo se han apresurado a sugerirme. Lo cierto es que no me apetecía meterme en esta obligación nueva. Sentarse a pensar en qué contar que no sean banalidades, y hacerlo después sin aburrir a la parroquia, exige disciplina, requiere tiempo y necesita que uno ponga el corazón en orden con aquello que quiere relatar, al menos ese es mi caso. Y la verdad, me quedan tantas historias reclamándome que les dedique tiempo frente al teclado, que dedicar unas horas preciosas a escribir de algo que tal vez no sea del interés de nadie, a estas alturas se me hace demasiado cuesta arriba. Pero como me he metido en eso de publicar una novela, a pesar de haberlo hecho en plan doméstico, sólo para evaluar sus posibilidades y sosegar a los que llevaban tiempo pidiéndome que lo hiciera, me siento obligado a mantener unas maneras, a guardar formalidad, a la compostura debida con los lectores. Y porque parece claro que en este tiempo de Internet y las redes sociales, algunos podrían llegar a considerar como un atropello a la urbanidad y las buenas costumbres, que alguien que escriba o quiera hacerlo no esté presente con una página donde se presente y cuente algunas de sus cosillas.

De manera que aquí estoy, en esta presentación mía, dándole la bienvenida a quien me honra con su visita, intentando explicar qué sentido pienso darle a estas páginas, pero sin esconder que lo hago obligado por las circunstancias, aunque contento de hacerlo. Obligado porque después de años de trabajo, de muchísimos avatares, de algunos sinsabores e incomprensiones, pero también de muchos momentos inolvidables, Ecos del silencio está en la mano, ha empezado a rodar por sí misma, y no me pertenece porque es ya de los lectores que la están haciendo suya. Y contento, porque el resultado ha sido mucho mejor del que yo esperaba. Tanto que creo sentirme en deuda con quienes me están buscando en Internet sin encontrarme. De ahí la necesidad de esta bitácora.

He abierto tres categorías: ‘Estampas’, ‘La lengua que hablamos’ y ‘Panorámica’, aunque es seguro que habrá otras. En ‘Estampas’ compartiré viñetas y recuerdos de nuestras islas y su paisanaje. En ‘La lengua que hablamos’ será el lugar en que intentaré apaciguar la obsesión que he arrastrado durante toda la vida, de igual manera que una pesada bola de hierro engrillada a mi tobillo. Allí, más que opinar, echaré pestes sobre la manera en que denigramos la lengua que heredamos de nuestros padres. Aunque no tengo conocimientos de Filología si he leído lo bastante para saber el tesoro que nos dejaron, del que disfrutamos sin ser conscientes de su grandeza; el oro que malbaratamos en las boberías del género y la génera, los todos y las todas, los chichis y los pichis, el lenguaje y la lenguaja, o que con tanta facilidad y tan escaso discernimiento entregamos a cambio de las lentejuelas y baratijas del idiomita de juguete de los ingleses.

En‘Panorámica’ meteré aquello que no tenga una cabida ni en un lugar ni en el otro. Sin embargo, estos no son más que intenciones, y el auténtico contenido será el que vaya surgiendo sin  haberlo previsto.

A los tres o cuatro a quienes apetezca algo de esto y quieran visitarme, espero no defraudarles.

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